Conocí a aquella muchacha árabe siria por medio de la familia, y por medio de internet. Era algo extraño conocer a una muchacha con estas cualidades buenas y convenientes. Cuando se pasa de los cuarenta, disminuyen las oportunidades de salir con mujeres y de encontrar tu otra mitad. Fui a verlos sin ningún deseo de ir; mi ida era una huida de una reunión familiar a la que no quería asistir. La cita era el primer sábado de junio, y fue como si hubiera llegado exactamente en su momento oportuno.
Fui a la cita con la muchacha huyendo de una reunión familiar, y rompiendo tradiciones y costumbres. Después del encuentro, oí a mi madre decir: «Ya te han aceptado.» Fue un shock en todo el sentido de la palabra. Estaba acostumbrado al rechazo, y apenas llegó una muchacha que me aceptara cuando quedé aturdido. Me quedé helado en mi sitio, abrí los ojos, me detuve un instante, sentí que la tierra giraba, y que yo no tenía peso ni lugar.
Pasó la primera semana, luego la segunda, luego casi siete semanas de conversación continua con ella, de entendimiento en todo, de adaptación y de armonía, de música, de canciones, y hasta de amor. Fueron momentos hermosos, maravillosos, como si hubiera encontrado mi otra mitad. Pero después de pasado el tiempo, comprendí que mi primera mitad no existía. Mi primera mitad vino de las esquirlas de la guerra, de la desintegración de una sociedad que no nos visita, y de una familia que no nos visita desde hace más de seis meses. Yo soy de las esquirlas de un hombre cuya familia fue destruida y cuya sociedad fue destruida, y no quedó más que ruinas dispersas aquí y allá.
Fuimos, según las costumbres y las tradiciones, con la familia a verla y a ver a su familia. Acordamos, nos enredamos y discutimos por la dote, y terminamos en un momento importante sin un acuerdo importante que contentara a todas las partes. En realidad, ninguna de las partes estaba contenta, y esto es lo que se manifestó después. Con el tiempo, surge un problema simple y se convierte en una desgracia, y la desgracia termina con la destrucción de todo, porque no estábamos contentos. Ese silencio que sale de la boca de su madre, y de la boca de su familia, expresa lo que va a venir.
Acordamos fijar una fecha para el compromiso, para que hubiera una fiesta, y los preparativos, y el ir y venir. El volumen de los preparativos era grande. Escribo ahora y estoy lleno de rabia, rabia, rabia. Escribo y estoy lleno de ira y de rencor.
Motaz Omarien