He llegado a olvidarte,
he llegado a encontrarte,
te has vuelto para mí una ausencia eterna,
te has vuelto para mí una nostalgia que se derrite,
te has vuelto para mí una locura sin fin.
La palabra se trenza sobre la palabra por amor, y las frases se escriben para ti entre líneas; entonces me enamoro… y busco el olvido en un amor pasajero, y el amor busca mis recuerdos, un olvido que no llegará.
Tu nombre se ha vuelto un espejo de una nostalgia pura, y tu rostro la sombra de un hombre que se derrite. Hasta que el amor del universo se volvió perlas dispersas entre mis manos.
Cuando la lluvia llega con el viento, el viento trae el aroma de tierras lejanas.
La lluvia está aquí, pero también está allí.
La lluvia no reconoce fronteras.
Tierras abrazan tierras,
y gotas se funden en otras,
sobre ventanas hermosas y maravillosas.
Pero estoy solo, observando el ocaso, observando las voces que se desvanecen, y los coches que se ocultan entre el asfalto y la lluvia.
Todos se han marchado a sus casas, y yo estoy aquí…
registrando el paso de otro día de mi vida,
registrando el deslizarse de mi juventud,
registrando un final que apenas termina.
La recuerdo…
a mi antigua prometida, y su rechazo, y su partida hacia la nada.
Cuántas mujeres pasaron por mi corazón, y mi corazón siguió solo.
Era la criatura más cercana a mi alma,
y al final… la alejé con estas dos manos.
Postergaba la soledad, postergaba la alienación, postergaba el futuro desconocido.
En la lluvia nace la escritura.
Al son de los truenos, bajo las sombras de las nubes, entre los latidos del relámpago, los pensamientos se multiplican y se extienden.
Pero ¿estamos en el final? ¿O estamos más allá del final?
Se apaga la voz del trueno…
así se apaga la voz de la juventud en nosotros,
y se apaga aquel entusiasmo infantil de que haremos y haremos…
Pero ¿es la intención sola lo que me impide casarme?
¿O es el miedo al miedo… al miedo?
Motaz Omarien