Las letras no querían escribir las palabras, y las palabras no querían formar las frases, y las frases no querían ponerse en fila para convertirse en un libro y contar la historia de un amor que no terminó en fracaso ni terminó en éxito.
Quizá la dificultad de escribir esta historia, este relato o esta novela, es que sigue removiéndose en el corazón a pesar de sus finales, a pesar de sus jirones. Y el dolor se multiplica con la ausencia de cualquier clase de amor o de interés después de ella. Es el vacío con el vacío hacia el vacío. No sé adónde voy, ni sé adónde regreso, pero fue un golpe en todo el sentido de la palabra. Igual que Dios me salvó del servicio militar, me maté junto a Salwa.
Ésta es la verdad del asunto: yo fui quien mató mi alma, alma contra alma. Y me disculpo, pues no puedo seguir escribiendo.
Motaz Omarien