Diarios del emigrante

Tu alma muere

12 de septiembre de 2026 — Instantánea 7

Tu alma muere en Europa, lo quieras o no. Aquella alma ardiente que te empujó a llegar a este continente no era sino el cebo de la gran trampa que tú mismo tendiste con tus propias manos, para asesinar tu alma con tus sueños.

Esta es Europa: si la denigras, te denigra; y si ella te denigra, no puedes denigrarla. Europa es el deseo reprimido de Oriente, el sueño hermoso que te degüella despacio, como la dulzura del alma cuando se desliza bajo un cuchillo frío. El dolor que permanece eterno en los detalles de tu alma, después de aquel degüello, no puede olvidarse.

Europa es la perdición de la perdición. O te vuelves uno de ellos por completo, como dice el refrán popular — «Quien convive con un pueblo cuarenta días, se vuelve uno de ellos» —, o te marchas de su lado del todo. Pero nosotros, de algún modo, nos volvimos uno de ellos y nos marchamos de su lado al mismo tiempo.

Nos volvimos uno de ellos en nuestra manera de pensar, hasta el punto de que pensamos en citarnos con aquella muchacha y engendrar con ella un hijo ilegítimo, mientras vivimos un aislamiento enfermizo en nuestros corazones. Ese aislamiento mata el alma, mata el yo, y dispersa nuestra vida entre paredes frías y periódicos diarios que nos inundan de correo en un norte lejano. Este eres tú, el ciudadano ejemplar de Europa, que siente que no es más que un número entre números sin fin.

Europa mata tu alma despacio. No pienses jamás que la dificultad estaba en llegar a Europa; la verdad es que la dificultad real está en salir de ella. Esa salida que te cuesta esfuerzo, dinero y cansancio, y engendra en ti un rencor enterrado. Ese rencor te empuja a aferrarte a lo que tienes, aunque el precio sea tu alma.

Pero, como dijo mi padre en sus últimas palabras: «Dios mío, quema Europa».

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